viernes, 9 de octubre de 2020

Nadie en la Philippe Chatrier, y pocos en el planeta tenis, entendieron el partido

Nadie en la Philippe Chatrier, y pocos en el planeta tenis, entendieron el partido que enfrentó a Novak Djokovic y Pablo Carreño. El serbio, vendaje en el cuello, sufrió con su servicio, atenazado por molestias en la zona de la nuca que lo dejaron sin fuerza cuando trataba de impactar la pelota. Dos remates en la red los dejó caer al otro lado de la pista sin velocidad ni intención. Pero de un minuto para el otro, se convirtió en el animal competitivo que machaca a sus víctimas cuando estas la dejan escapar. Soberbio su nivel, olvidadas las molestias, victoria y semifinales de Roland Garros.

"No me sentía bien al entrar en la pista, pasaron cosas durante el calentamiento [por la mañana fue atendido por su fisio en esa zona del cuello] y tuve que lidiar con esos problemas. A medida que avanzaba el partido, me sentí mejor. Realmente no tenía mucha energía en mis piernas o en el movimiento o el juego en sí. Me tomó alrededor de set y medio para ponerme realmente cómodo y comenzar realmente a jugar como debería", expuso Djokovic, sin querer entrar en más detalles sobre sus dolencias. "Tuve problemas en el cuello y en el hombro. Realmente no quiero seguir hablando de esto. Estoy todavía en el torneo y no quiero revelar nada más".

Acarrea estas dolencias desde agosto, cuando en las semifinales del Masters 1.000 de Cincinnati ante Roberto Bautista también fue atendido en esa zona. Se levantó, despachó dos bolas de partido, alcanzó la final y el título. Lo cierto es que ayer no se entrenó en París, cancelada su hora de pista, a la espera de enfrentarse hoy contra Stefanos Tsitsipas (no antes de las 17.00). "Y seguirá pasando"

Para Carreño, el parón para el masaje en el hombro no fue más que una estrategia, un truco del mago Djokovic para cortar el ritmo del partido. Una de esas triquiñuelas para despistar a las que dice estar acostumbrado el asturiano: "No me sorprendió. Y es algo bueno. Cada vez que está en apuros pide asistencia, y eso significa que lo puse en aprietos, que no estaba cómodo, que he conseguido tener un nivel alto y le entraron las dudas. No sé si es algo crónico en el hombro o solo mental. Preguntadle a él. Pero no me ha descentrado, sabía que pasaría, pasó en el US Open y aquí. Y que seguirá pasando", advirtió con media sonrisa de resignación.

Habla el español en futuro y también en pasado, pues hubo un tiempo en el que Novak Djokovic era más conocido en el circuito por este tipo de comportamientos que por sus triunfos. Juan Mónaco no se acabó de creer su angustia en el US Open 2007, de la que se olvidó cuando el marcador soplaba a favor. Andy Roddick fue más drástico en Nueva York en 2008: "Puede tener hasta 16 lesiones en un momento, calambres, antrax o gripe aviar y seguir y ganar". Frase que no sentó nada bien al de Belgrado, que acabó diciendo a pie de pista: "Sé que no caigo bien, porque se creen que estoy fingiendo todo el rato". Andy Murray lo llegó a llamar "miserable" en 2015, después de que el serbio fuera atendido por unos calambres de los que se recuperó hasta ganar.

Hoy, Djokovic tiene 17 Grand Slams, 36 Masters 1.000, 289 semanas en lo más alto de la ATP. Podrá sentar mejor o peor, utilizarse para curar el cuerpo o frenar el buen momento del rival, pero la asistencia médica entre juegos o entre sets es un derecho que pueden solicitar todos los tenistas. Dolores reales o plan o ambas cosas, todo entra en el juego de la estrategia. Y ahí Djokovic también es número 1.

Con información de ABC